11 jun. 2015

Dos nuevas reseñas

Les comparto dos nuevas reseñas de "A vos no te gustaba el blues" y les recuerdo, para los que aún no lo tienen, que puden conseguirlo en Otra Lluvia libros Bulnes 640 CABA, en Mendel libros Paraguay 5163 CABA o encargándolo por correo electrónico a hernandardes@gmail.com 

La primera reseña corresponde al escritos Julian Marcel en su blog "Las promesas conservadas"

"El merito principal de Hernán Dardes, con su libro de cuentos "A vos no te gustaba el blues", es el de haber hecho cuarenta fantasías con las palabras medidas, con el tono exacto. Cada cuento es irreemplazable. No podría hacerse  de otro modo. " dice Julian en un texto que puede leerse completo en este enlace


La segunda reseña la hizo Janice Winkler para el sitio "Solo tempestad" 

"En A vos no te gustaba el blues leí varios claros ejemplos de lo universal en el cuento. En Jueves de Feria, la ternura de la relación abuela-nieto de Juanito y Estela me conectó con la inocencia, el crecimiento, la vejez, la muerte y hasta mi propia relación con mi abuela. Winnie Mandela y A vos no te gustaba el blues logran lanzar la flecha de la soledad en la que agoniza cualquier relación trunca o separación impostergable"  Este párrafo es parte de un texto completo que puede leerse en este otro enlace

10 mar. 2015

A vos no te gustaba el blues - Más repercusiones

Resulta que en ocasión del partido de ida por la Recopa Sudamericana, el amigo Rodrigo Daskal compró dos ejemplares de "A vos no te gustaba el blues", uno de ellos para regalar.
Semanas más tarde me devuelve esta palabras.
Si alguno todavía no se decidió a comprar el libro, acá tiene una buena excusa para hacerlo. O no. Cada uno sabrá


Un blues o un shopping.

Los cuentos de Hernán hamacan la ironía entre el realismo y lo fantástico de la vida cotidiana, pero recordándonos a cada paso que en el final, siempre, está la muerte. Cuentos de amor, locura, (muerte), que coquetean con las pequeñas cosas, que le dan sangrienta revancha a los eternos fracasados, que miran de reojo al amor. Sin sostén alguno, ya que lo incierto de cada cosa está en el centro de la escena, casi siempre sangrienta, otras veces graciosa, jugando con los bordes de personajes simples en momentos endebles, sintiendo lástima por esos condenados de siempre, los textos nos van hundiendo lentamente. Nada parece salvarse, ni allí dónde la pelota entra se aleja el amargo sabor de la derrota. No son, sin embargo, imágenes pesimistas: nos permiten ver tras la puerta entornada la letra de un ojo fino, atento a los pliegues perdidos de nuestras vidas, a que somos apenas  una parte del hilo que las mueve. Le compré dos blues a Dardes, convencido que merecido destino de regalo tendría uno de ellos y a sabiendas que no es bueno para la salud visitar un shopping para mostrarle a alguien que lo quiero. Gracias, Hernán.



9 ene. 2015

"A vos no te gustaba el blues" Primeros comentarios

La buena Julieta Lanutti me hizo llegar hace unos días su impresión al terminar de leer el libro
Les comparto sus palabras y les recuerdo que además de solicitarlo por mail, también pueden adquirirlo en Mendel Libros en Palermo.

Dice Julieta:

Anoche terminé "A vos no te gustaba el blues"...
El autor me pidió la opinión (crítica me suena como a mucho), y yo pensé que hacerlo por mensaje privado no sirve de nada, si no puedo arengar a otros a leerlo. Desde el vamos, que el libro esté cruzado de punta a punta por una visión/vivencia de "antihéroe" ya lo hizo atractivo a mi gusto. La gente que no se equivoca, que no le pasa nada malo, y que vive una ficticia-vida-políticamente-correcta no me atrae. No me digas que (aunque sea en pensamiento) nunca tuviste ganas de romperle algo en la cabeza a alguien...
Algunos más, otros menos (siempre para mi gusto, obvio!), los cuentos son atractivos, dan ganas de leerlos, ninguno está de más, y en todos me quedé con la pregunta "Cómo carajo se le ocurrió semejante idea??".
Dicen los que saben que hay que separar al autor de lo que escribe... menos mal, creo que si no, la próxima vez que viera a Hernan Dardes lo miraría con un poco más de recelo (y cuidado) Aunque reconozco que no podía esperar menos que un libro poblado de ironía, humor ácido, teorías conspirativas, música, fútbol y Perón. 

 Los que más me gustaron (en esta primera lectura): SIETE AÑOS, ALEGATO, THE CAT IS UNDER THE TABLE, QUIROMANCIA y A VOS NO TE GUSTABA EL BLUES. Aunque creo que la selección variaría si lo leyera en un momento diferente de mí. (?)
Una frase: "Dos vasos volcados sugerían alguna compañía; o una soledad repetida" Así de fácil y a la vez complejo es el hilo que une los 40 cuentos de A vos no te gustaba el blues.

Señora, señor... cómprelo, regálelo, léalo. No se va a arrepentir.

22 dic. 2014

A vos no te gustaba el blues - Primeras repercusiones

Gracias al programa Bibliomaníacos de radiotrendtopic que en su último programa del año dedicaron unos minutos a presentar el libro y a leer "Malentendido". 
Por otra parte les cuento a los interesados en adquirirlo que además del contacto personal, ya pueden encontrarlo en Mendel Libros Paraguay 5163 - Palermo.

Les dejo el audio del programa Bibliomaníacos. Si bien la sección dedicada a "A vos no te gustaba el blues" empieza en el minuto 54, pueden escucharlo completo porque es por demás interesante. 


17 dic. 2014

Presentación de "A vos no te gustaba el blues"

Les cuento que finalmente el Lunes 15 de Diciembre hicimos la presentación de "A vos no te gustaba el blues" en Espacio Enjambre. Mas allá de que hayan o no podido venir, fueron los lectores de este blog los que, con su participación durante muchos años, me animaron a que estos textos se hayan transformado en un libro.
En la presentación pude contar con la presencia y la palabra de Gilda Manso, quien escribió el prólogo del libro. con Alexiev Gandman a quien pertenece el dibujo de tapa y con Melisa Sansotta, quien leyó uno de los cuentos. 
Gracias a todos de nuevo, a Milena Caserola y Las Desenladrilladoras por la edición. A Espacio Enjambre por la buena onda. Y finalmente, otra vez, a todos los seguidores del blog.

Por el momento la distribución del libro la estoy haciendo yo, cuando haya puntos de ventas los iré informando. Quienes quieran un ejemplar, no tienen más que contactarme a hernandardes@gmail.com  El costo es de $80

No quiero olvidarme de citar que dos de los participantes de la presentación han publicado recientemente sus libros. Gilda Manso, después de varios voúmenes con cuentos breves, publicó su primera novela "Mal Bicho" también por Milena Caserola. Y Melisa Sansotta, su libro de relatos "Todos los perros del mundo vienen a cagar a mi vereda" Cliqueando sobre los nombres acceden a los perfiles en Facebook de estas dos autoras para los que quieren más información acerca de sus libros.
Felicidades y seguiré contando novedades sobre la repercusión del libro.









































9 dic. 2014

Presentación de "A vos no te gustaba el blues"

Como anticipé en el post anterior, todo el trabajo publicado en este blog se ha convertido en un libro. Y como tal merece una presentación. La misma la haremos el día Lunes 15 de Diciembre en Espacio Enjambre, Acuña de Figueroa 1656 C.A.B.A.  Convocamos 19:30hs
Allí podrán comprar el libro, y además escucharnos a Gilda Manso, Melisa Sansotta y a mí.
Besos y abrazos y nos vemos el lunes.


19 nov. 2014

Publicación

Este año ha sido poco productivo en este blog. Uno de los motivos fue que se trató de un año de muchas revisiones y repasos en cuanto a los textos que aquí se fueron publicando. Y todo ese trabajo tenía por objetivo un final que recién ahora estoy concretando: la publicación de mi primer libro.
"A vos no te gustava el blues" será publicado en conjunto por Milena Caserola y Las desenladrilladores, y a partir de ahora, y por un tiempo, este blog estará dedicado a difundir las actividades relacionadas con el libro. Presentación, reseñas, formas de hacerse de un ejemplar.
"A vos no te gustaba el blues" contará con el prólogo de la buena amiga (y mejor escritora) Gilda Manso, y la tapa estuvo a cargo de Alexiev Gandman. Se las dejo como anticipo y los mantengo al tanto de las novedades.


29 sept. 2014

Esperando la Carroza 3

    Recién nos habíamos sentado a la mesa del resto de impronta italiana en San Telmo y en una especie de apartado (una habitación abierta, con una araña añosa decorándola) estaban reunidas cuatro generaciones de una familia. No eran tantos, digamos unos quince. Por lo general ante este tipo de reuniones, uno teme exageradas muestras de efusividad que conspiren contra el tranquilo almuerzo de domingo que uno se propuso. Pero en un principio todo transcurrió con normalidad, y sin prestarles demasiada atención a la reunión, observamos con minuciosidad la carta y ordenamos nuestros platos.
    Entre la decoración que incluye el local (publicidades antiguas de cigarrillos y licores, chapas con nombres de calle, latas de galletitas, radios a válvula y sifones de vidrio, todo muy San Telmo) se destaca la cabina de madera de un ascensor en desuso, en cuyo interior cuelga, pretendiendo simular un pasajero, una percha con una túnica negra. La ausencia de cabeza y piernas le otorga un tono algo tétrico a la imagen, y si uno tiene un poco de imaginación, no es dificil figurarse el cuerpo tambaleante de un ahorcado. En un principio a mí me provocó curiosidad, pero no mucho más que eso.
    Al cabo de unos pocos minutos notamos que en esa reunión numerosa, ocurría algo extraño. Varias personas se reunían alrededor de la señora que presidía la mesa, a la que intentaban reanimar. Una mujer decía "mamá, mamá" de forma reiterada y en tono imperativo. Un hombre le masajeaba la espalda a la abuela, además otro la cacheteaba levemente, y un tercer hombre más joven le tomaba el pulso. Incluso alguien más, o alguno de todos ellos, no puedo precisarlo, le hizo respiración boca a boca. Considerando lo que parecía una situación extrema, todo trascurrió con relativa tranquilidad. Nadie, más allá de la lógica perturbación, actuaba muy desesperado. Como acostumbrados al percance, o al menos juzgándolo como previsible. Nadie gritaba, si existía desesperación, la contenían. Como si la discreción fuera prioridad ante el caracter público del incidente.
    Las empleadas del local se repartían entre atender al resto de los clientes y saber cómo seguía el asunto. Sugirieron abrir las ventanas que daban a la calle para que corra aire. En la mesa continuaba la reanimación, mientras los más pequeños de la familia eran alejados de la escena. Cerca nuestro la moza intentaba traducir la carta del italiano al portugues, para complacer a la pareja gay que solicitaba precisiones acerca de los platos. Porque, es imperioso aclararlo, el dramatismo se desarrollaba en ese apartado y en el resto del salón cumplíamos al pie de la letra con el sabio precepto: “lunch must go on”.
    Uno de los hombres alejado de la mesa había llamado al SAME, sin mucho éxito. Por otra parte, la sobreabundancia de puestos feriantes en los domingos de San Telmo conspiran contra el acceso de ambulancias, con lo cual la demora era previsible. La señora, felizmente, comenzó a reaccionar. Los platos a medio terminar decoraban la larga mesa del percance. Gaseosas de litro y medio y una bolsa con regalos amontonados y a medio abrir colgaba de una de las sillas. Dos o tres miembros de la familia seguían al lado de la abuela, el resto se reagrupó en el salón y con gestos ampulosos se contaban lo que todos habían presenciado.
    Al rato llegó un policía que viendo que la señora había sido reanimada, se limitó a anotar en una hoja, los datos que él solicitaba y los familiares respondían con desgano. A pesar de estar ya recompuesta la señora, un familiar reclamaba por el SAME que se demoraba, puesto que no se resignaba a la ausencia de una opinión médica. Otro de los familiares, un cincuentón al límite de una obesidad maradoniana, consideró que los signos vitales de la abuela eran suficientes como para retomar la celebración y preguntó a los gritos al resto si alguien iba a querer postre o café. Una mujer muy parecida a Beatriz Sarlo, sentada perpendicular a la abuela indispuesta, había observabado todo en silencio con el mentón apoyado sobre las dos manos, en una pasmosa tranquilidad. Cuarenta minutos después, llegó el SAME. Bajaron dos médicos. Uno de ellos se acercó a la abuela, le tomó el pulso y diagnosticó rápidamente que había sido un bajón de presión, sin siquiera usar el tensiómetro. A los familiares, en especial a los que habían pedido el postre, pareció resultarles suficiente. El otro hombre que llegó (¿médico? ¿chofer de la ambulancia?) ni siquiera se acercó a la paciente y se dirigió sin pausa al fondo del local para, como supimos más tarde cuando nos lo contó la moza, solicitar un paquete con comida de cortesía.
    La abuela ya recuperada pidió ir al baño y al pararse demostró una agilidad con la que a mí me gustaría llegar a los cincuenta. Cuando volvió, los familiares ya se habían reacomodado en la mesa, el primer médico había guardado el estetoscopio y el segundo médico hambriento sostenía con su mano derecha la bolsa con la ración de comida solicitada.
    La sucesión de escenas tragicómicas terminó cuando por delante nuestro pasó una torta con un 96 brillante y oimos cantar el feliz cumpleaños mientras veíamos las chispas de una vela de esas tipo bengala, estallando demasiado cerca del rostro de la abuela.
    Cuando nos fuimos, la celebración continuaba, aunque ya menguaban los ademanes y la somnolencia ganaba los rostros de los festejantes. Yo me quedé pensando en el ascensor, en la túnica sin cuerpo que habita esa cabina, y hasta hoy me inquieta la idea de qué hubiese sucedido si en medio de la revuelta, alguien hubiera accionado alguno de sus botones. 


(Aunque este se trate de un blog de cuentos y  todo lo publicado hasta aquí es pura y absoluta ficción, más allá de alguna licencia poética mínima, esta texto se trata de una anécdota 100% verídica)


 

27 jun. 2013

Exclusivo

    Hace años que soy cliente de un banco. Confieso que no es algo con lo que me sienta del todo cómodo, a mí las cosas me gustan más sencillas; la palabra vale más que los contratos, el dinero más que los cheques y si pudiera manejarme por la vida haciendo trueques, me sentíría inmensamente feliz. Pero vivimos en un mundo capitalista que impone determinadas condiciones que a uno lo obligan, tarde o temprano, a hacerse cliente de un banco; así que finalmente accedí y elegí ser cliente de uno. El banco del que soy cliente no es el banco que yo elegí. En realidad se trata del banco que compró al banco que oportunamente también compró a ese otro banco, que a su vez se quedó con la cartera de clientes del banco que yo elegí, cuando el banco que yo elegí se fundió. Lo cierto es que una vez bancarizado, el mismo sistema se encargó de que las vicisitudes del devenir de su funcionamiento, no me vuelvan a dejar fuera de él.
    Hace más de veinte años que soy cliente del banco, y hace unos días se comunicaron conmigo para ponerme al tanto de la decisión de elevarme a la categoría de cliente exclusivo. Me cuesta pensar los motivos que los llevaron a realizar semejante ofrecimiento, puesto que el uso que le doy a la banca dista mucho de colocarme en la situación de un activo usuario de los beneficios que ofrece el banco. Pero me llamaron dos o tres veces para hacerme el ofrecimiento y finalmente concurrí a informarme de qué se trataba la oferta.
    No quiero aburrirlos con detalles engorrosos, pero el plan más o menos consiste en acceder a una serie de beneficios extra, a cambio de un aumento en la paga mensual, proporcional al aumento de dichos beneficios. Las cosas son más menos las mismas, pero los límites de gasto son mayores y las tarjetas de crédito serán de un color más brillante que las anteriores. A medida que me fueron informando de los beneficios fui descubriendo un mundo hasta el momento desconocido. Los clientes “exclusive banking” (porque cuando uno entra a ese mundo empieza a ser definido en otro idioma, puesto que el nuestro no tiene vocablo de la grandilocuencia capaz de describir semejante condición) van a la peluquería los viernes, y no cuando tienen tiempo libre. Cenan en restaurantes ese mismo día de la semana, y dedican el martes a sus compras semanales en los supermercados, puesto que el resto de los días estos están atosigados de clientes comunes y mundanos, sin jerarquía alguna. De tener auto, cargan combustibles los días sábado. Un cliente “exclusive” puede tener más adicionales de tarjeta que familiares directos y algunas facilidades para realizar un par trámites menores que ahora no me vienen a la memoria. Por último, me informaron que tengo abierta una serie de lineas de crédito, cosa que me trajo a la memoria el pensamiento de un amigo, que solía decir que los bancos califican a la disponibilidad de crédito con la absurda palabra línea, puesto que vivir con dinero prestado puede ser tan adictivo como la cocaína.
    Lo que más me impactó de todos los ofrecimientos, y lo que en definitiva estimo que hace la verdadera diferencia, es que al entrar en el sector de clientes “exclusive” voy a tener prioridad a la hora de la atención personalizada. El oficial encargado de ponerme al tanto de estos beneficios que les detallo, me graficó la situación con este ejemplo: usted concurre a la sucursal ante cualquier necesidad, y para ser atendido solo debe marcar en la pantalla táctil de la entrada la letra E (E de “exclusive”, por supuesto) e inmediatamente los empleados saben que deben atenderlo con premura. Cuando de inmediato lo llamen, verá a un montón de gente que había llegado antes, protestando porque lo hacen pasar a usted primero. De esa manera comprobará en carne propia las ventajas de evitar la incómoda espera a la que deben someterse el resto de las personas incapaces de acceder al mismo segmento crediticio que le estamos ofreciendo.
    Confieso que el ejemplo al que recurrió el oficial de cuentas para intentar convencerme me resultó incómodo. Yo no tengo pretensión alguna de creerme ni sentirme más que nadie. Por lo general me ha tocado estar del otro lado, situaciones en las cuales sentí deseos de dispararle a los privilegiados que me sorteaban en el orden de llegada. Y para ser honesto, a mí no me gustaría saber que en el mundo existe gente con ganas de pegarme un tiro (a no ser que quien quiera pegarme el tiro sea el marido de Scarlett Johansson enterado del eventual affaire que tuve con su esposa, pero ese es tema de ficción que ahora no viene al caso). No llegué a hacerle esta apreciación al oficial, puesto que los empleados bancarios no suelen ser personas fáciles de interrumpir y, para qué les voy a mentir, cuando uno se sube a esa vorágine de exceso de autoestima que le proponen, empieza a asumir como propios todos los argumentos que minutos antes le resultaban ajenos. Por ese motivo finalmente acepté la propuesta y me convertí en un cliente “exclusive”.
    Esta mañana decidí estrenar mi nueva condición haciendo uso de la prioridad en la atención al cliente. Me tomé todo el tiempo del mundo para desayunar en casa, no quería llegar primero al banco y perder la oportunidad de desairar al resto de los clientes de baja calificación. Pudiendo ir en auto, decidí concurrir caminando. No tenía ninguna consulta puntual que hacer, en el camino me inventaría una excusa como para justificar mi privilegiada presencia en la sucursal. Cualquier pavada, qué significan esas dos rayitas verticales que cruzan a la letra S antepuesta al importe final en un resumen de cuenta. Quería enrrostrar mi prerrogativa al empleado que me toque en suerte, así que cuanto más absurda la consulta, mejor.
    Entré a la sucursal, me dirigí con la cabeza en alto y a paso firme hacia la pantalla táctil. Pulsé el ícono con la letra E. La máquina expidió un ticket en donde la letra estaba seguida por el número 30. En ese mismo instante observé con desprecio al resto de las personas sentadas en la sala de espera, mientras imaginaba que una luz roja titilando en cada box de atención al cliente, ponía en alerta a los empleados, que respondían a la señal abandonando cualquier cosa que estuvieran haciendo para complacerme. Esperé unos minutos y nada sucedió. Inquieto pero expectante, decidí aguardar unos minutos más, al cabo de los cuales todo siguió igual.
    Fastidiado, finalmente me acerqué a un empleado de seguridad que oficiaba al mismo tiempo de guía para los clientes novatos, y le hice saber de mi enojo a causa del destrato del que estaba siendo víctima. El hombre no hizo comentario alguno y me solicitó el papel que la máquina expendedora de turnos me había entregado. Lo miró detenidamente, levantó la vista y entonces me hizo saber que tenía por delante veintinueve clientes tan exclusivos como yo. Cuando le pregunté en donde esperaban a ser atendidos los clientes comunes y corrientes, me sonrió y me palmeó el hombro. Después me ofreció un café.

21 sept. 2012

Preatendedor


Buenos días. Usted está comunicado con O. T. I., Organización Terrorista Internacional. Le recordamos que también puede visitarnos en nuestro sitio en Internet www.oti.ter
Nuestro horario de atención es de Lunes a Domingo de 0 a 24 hs. Por motivos de espionaje, seguridad y control de calidad esta conversación puede estar siendo grabada.
Si desea enviar un fax, por favor presione 1.
Si desea conocer sobre la historia de nuestra organización, sus líderes y sus principales mártires, por favor presione 2.
Si desea conocer nuestras consignas, reclamos y reivindicaciones, por favor presione 3.
Si desea informarse acerca de nuestra política de alianzas y rupturas, organizaciones colegas aliadas y adversarias, países amigos y enemigos en los distitos continentes, por favor presione 4.
Si desea enlistarse en nuestras filas, y tiene Libreta Sanitaria al día y un certificado de aptitud física, por favor presione 5.
Si desea denunciar posibles traiciones o defecciones presione 6.
Si desea información de nuestros últimos objetivos, sitios atacados, cantidad de víctimas y evaluación de los resultados, por favor presione 7.
Si desea conocer sitios y fechas de los próximos operativos y atentados, por favor presione 8.
Si desea dejar un mensaje de aliento a nuestros combatientes, por favor presione 9.
Si desea realizar algún tipo de cuestionamiento o reclamo por nuestro accionar, aleje a sus seres queridos del aparato telefónico y presione 0.
Si desea hablar con un operador, aguarde y será atendido.


Todos nuestros operadores de encuentran atentando. Por favor aguarde unos minutos y vuelva a llamar.


17 dic. 2011

No me molestes


                Los sábados a la mañana son para eso. Para andar sin saber muy bien adonde. Vagar se dice, verdad? O no. Tal vez tener un destino preciso, pero en el mientras tanto engañarse pensando que uno no sabe muy bien adónde va. Viajo en colectivo. Leo como Jed Martin, protagonista de la última novela de Michel Houellebecq, dialoga con el propio Michel Houellebecq. Cuando leo, a veces me dan ganas de escribir. Por ejemplo, ahora tengo ganas de escribir mientras leo a un escritor creando un personaje que se entrevista con su propio creador. No está mal, podría intentar hacer algo parecido, por qué no? Ser el protagonista de mi propio cuento. En definitiva, en la novela, Martin y Houellebecq comparten un vino argentino, como el que yo llevo embalado como regalo. Para quién? No importa, ese es el destino. Ahora interesa el mientras tanto.
                Escucho a los Beatles. Beatles pero no al azar; escucho a los primeros Bealtes. A esos iniciales escarabajos simples e irresistibles. Antes que cualquier odontólogo les meta nada en el té y los haga ver  diamantes en el cielo. De “Help” para atrás, ni siquiera “Rubber soul”. Beatles en retrospectiva. Siento como aún desaprendiendo en un tiempo que retrocede, los tipos siguen tan talentosos como el último día. Entonces yo, protagonista de mi propio cuento, podría figurarme también retrocediendo en el tiempo. Incluso podría aprovechar el vino que llevo de regalo y utilizarlo para hacer una analogía con mi viaje. Que el vino salga de la botella, se reencuentre con la madera, se desprenda de los aromas y se vuelva mosto y néctar. Un gran recurso. No sé si muy original, pero con las palabras adecuadas resultaría un buen golpe de efecto.
                Colectivo casi vacío, algo ruidoso el motor como para leer cómodo, pero si puedo escuchar a los Beatles y leer al mismo tiempo, el motor no es suficiente impedimento para continuar. Suena “Don´t bother me”. Y en virtud del retroceso, me acuerdo que hace diez años que murió George Harrison. Diez años también de la noche de un sábado caluroso de diciembre, de esas noches en las que en  Buenos Aires no corre una gota de aire. Un sábado en el que el flaco Spinetta homenajeó a George Harrison cantando precisamente “Don’t bother me”. Obras ardía, en verdad todo Buenos Aires ardía. Y si uno levantaba la vista hacia el horizonte, el resto del país no ardía menos que Obras. Y el flaco, solito con su acústica resultó una brisa fresca. Imperdonable caer en la rutinaria expresión “brisa fresca” para definir al flaco Spinetta cantando a George Harrison. Pero es un colectivo ruidoso, que además salta sobre un empedrado imposible que pone a prueba la fragilidad del vidrio de la botella, y yo voy leyendo, escuchando a los Beatles pelear contra el motor,  y recordando ese momento, mientras intento desandar el tiempo que me separa de la misma vivencia que voy evocando.
                Debería haber traído copas. Dos copas. Cuando resultan efectivas, las sorpresas son factibles de quedar a la merced de imponderables. Como por ejemplo, que el sorprendido no tenga copas. Y aunque los mediodías de sábado no detenten las mismas pretensiones de elegancia que las noches, ese vino que en el cuento se escapó de la botella y volvió a la vid, merece algo más que un vaso tibio de aparador húmedo. Mi memoria no recuerda ningún bazar entre la parada en donde debo bajar y el tercer timbre del segundo piso  en donde voy a  anunciarme de improviso. Así que será cuestión de preguntar y, de paso, sumar personajes a mi cuento.  
Las personas  caminan mirando el piso, y cuando ven que me acerco con intención de preguntarles algo, aceleran el paso. Puede que estén apuradas, pero a mí se me da por creer que en realidad saben todo, y lo que no quieren es aparecer como personajes secundarios en un cuento anodino. Yo solo busco un bazar para comprar dos copas, así que con un par de indicaciones y gestos bien podrían informarme sin necesidad de entablar diálogo alguno, pero no hay manera de explicárselos, porque solo me rehúyen.
Miro alrededor y en todas las direcciones sucede lo mismo: gente cabizbaja y apresurada alejándose de mí. Se levanta viento y me produce un escalofrío.  Cargo el libro bajo un brazo y con el otro sostengo la botella. Los Beatles siguen en mis oídos. Las hojas y las bolsas de nylon abandonadas vuelan siguiendo el rumbo de la ventolina. De repente siento que soy el protagonista del cuento, pero que ese cuento ya no es mío. Y aunque en principio eso me inquieta, resulta que después termina por aliviarme. De seguro el autor usurpador sabrá guiarme hasta el bazar y hacerme de las copas, pienso. Entonces me ilusiono. Solo es cuestión de esperar, aunque no tengo  tiempo de sobra. Me recuesto sobre una pared rugosa, que al contacto con mi espalda deja caer partículas de revoque gastado, y dejo pasar el tiempo.
Debí haberlo previsto, nada trascendente puede ocurrir en un cuento en el que yo sea protagonista. Miro el reloj, me digo que aún estoy a tiempo, y decido correr el riesgo de los vasos húmedos. Pero antes debo resolver lo que dejé pendiente. Pasan dos chicas, deben tener unos doce años cada una. Saltan y se pegan unos sopapos débiles en las mejillas.
- Disculpen – les digo en un tono suave que no las amedrente.
Desafiando todos los seguros consejos familiares, para mi sorpresa las jóvenes  se acercan.
- Sí? – preguntan curiosas y sonriendo, sin dejar de golpearse, pero ahora haciéndolo con el revés de sus manos contra la cintura.
- No les gustaría protagonizar un cuento?- les ofrezco
Las debo haber sorprendido, porque piensan unos segundos en silencio.
- Un cuento? Nosotras?- dice las más alta mirando a la otra, que todavía parecía no haber entendido el ofrecimiento.
- Dale! No estaría buenísimo, boluda? – prosigue la primera en contestar, consiguiendo quebrar la apatía en la mirada de su amiga.
- Y qué hay que hacer?- me pregunta entonces la más pequeña.
Levantando los hombros y sobreponiendo el labio inferior sobre el otro, les hago saber con el gesto que no tengo la menor idea. Inmediatamente me doy cuenta que eso puede desanimarlas, así que pensé en corregir mi impulso cuando la otra me respondió:
- No importa, ya veremos-
Después le pegó un sopapo a su amiga, bastante más fuerte de lo que venían pegándose y corrió. La otra salió a perseguirla.  
                Levanté la vista y me encontré desorientado y perdido, sin guión a seguir. Bajo el brazo guardo un libro desconocido y a mi lado descansa una bolsa con una botella de vino. En mis oídos dos voces jóvenes y chillonas me aconsejan: hay un lugar adonde puedo ir cuando estoy  deprimido. Entonces camino hasta llegar a una plaza y me siento en un banco de cemento, dispuesto a abrir la botella de vino.
Ella se acerca despacio. En sus manos trae un sacacorchos que me entrega ni bien se sienta a mi lado. Hurga en el bolso y extrae dos vasos de vidrio grueso. Me mira a los ojos y  me sonríe. Las chicas protagonistas de mi cuento abandonado pasan corriendo y ahora cargan con un conejo blanco. Cuando pasan cerca del banco saludan, pero solo a mí. A ella no parecen verla.

25 abr. 2010

Sueño 2.0

Estoy dedicándole demasiado tiempo a Internet. Hasta ahora sin ningún otro inconveniente que el cansancio y el tiempo que le quito a otras actividades. Pero ayer tuve un problema: mientras dormía empecé a ver los sueños en forma de comentarios. Todo lo que en mi mente sucedía en el transcurso de la noche estaba relacionado con el Facebook. Toda la gente que aparecía tenía su espacio y para entrar a mi sueño, me enviaba un request. Todos. Los conocidos, los que no eran conocidos, los allegados, las personas con rostro en blanco que suelen aparecer en los sueños, los famosos, los ignotos, todos. Cada cosa que sucedía en el sueño se trasmitía en una pantallita de Youtube. Y como no podía ser de otra manera….mi sueños se colgaban! De repente estaba soñando una pelea de boxeo, y los boxeadores se detenían y empezaban a pelear en cámara lenta. Por momentos tuve la impresión de pasar buena parte de la noche soñando con un reloj de arena girando sobre sí mismo. Debajo de cada sueño veía una línea en blanco, que se iba llenando de azul a medida que el sueño avanzaba. Tenía seis o siete sueños empezados el mismo tiempo, y cambiaba de uno a otro perdiendo el hilo de cada historia, sin poder completar ninguna, y quitándole la poca lógica que de por sí tenía cada sueño. Entre las cosas más curiosas que me sucedieron, la que más me impresionó fue cuando para oír el consejo sabio de mi abuelo tuve que tipear un dificultoso e incomprensible captcha. Incluso recuerdo que para liberarme de una terrible pesadilla, antes de hacerlo tuve que cambiar mi modo a “scared”, para después sí despertar atormentado. Aunque parezca mentira, creo que puedo acostumbrarme. Al fin de cuentas no deja de ser un sueño, aunque reconozco un cierto temor a que se repita. Pero lo que más me preocupa de todo esto es que mi capacidad de soñar quede condicionada por mi frágil memoria para las contraseñas.